
Riglos, pueblo del Prepirineo paraíso de escaladores pero también sorprendente para aquellos que deseen recorrerlo a pie o perderse por su entorno en bicicleta.
Ruta circular, moderada físicamente, con un último tramo bastante técnico y no apto para todos los públicos. Se recomienda hacerla en el sentido que describimos ya que al revés, ese último tramo técnico puede llegar a atragantarse de tenerlo que hacer de subida.
¡Comenzamos!

Conforme nos acercamos al pueblo por su carretera encontraremos varias zonas de parking para coches e incluso para caravanas. Nosotros decidimos aparcar en el que queda más cerca del pueblo en sí. Justo enfrente hay una especie de tienda en un garaje y un poco más abajo el Albergue de Riglos.
Iniciamos la ruta descendiendo la carretera que poco antes nos había conducido hasta Riglos dejando los míticos Mallos a la espalda. Después de recorrer unos pocos kilómetros, tomaremos un desvío a la izquierda para adentrarnos en el camino que une Riglos con Linás de Marcuello.

Camino en bastante buen estado sin dificultad técnica. Pasado el pequeño pueblo de Linás de Marcuello y tras seguir la carretera de Sarsamarcuello, giraremos a la izquierda de nuevo por un camino para llegar a Loarre.
Este primer tramo de ruta tiene un importante porcentaje de carretera pero estas son secundarias y tan apenas coincidimos con ningún coche.

Ya en Loarre, aunque la mente directamente nos lleva a pensar en el castillo, comentar que la torre de la Iglesia de San Esteban merece ser contemplada aunque sea un momento.
Callejeamos por el pueblo hasta llegar a su puente romano y desde allí tomaremos un camino con algo de desnivel, que nos ha de conducir hasta la carretera que permite el acceso al castillo. Nos incorporaremos a ella y tras ascender un poco, os animamos a parar en un apartado en una de las curvas para tomar alguna foto del castillo. Aunque queda un tanto lejos merece la pena contemplarlo. Este tramo de carretera sí que es más transitado por vehículos por lo que sugerimos precaución.

Una vez tomadas las fotos de rigor, volvemos a la carga tomando un desvío a la izquierda. A partir de este momento, nos olvidamos de las carreteras ya que sólo encontraremos en lo sucesivo senderos y pistas.
Iremos enlazando el barranco de los Mallos con el barranco de Calderizas y una larga zona boscosa que acaba abriéndose al barranco Layán, donde la Ermita de San Miguel, el Castillo de Marcuello y la Ermita de la Virgen de Marcuello se comienzan a divisar a lo lejos. Merece la pena desviarse y perder unos minutos. Las vistas desde el mirador tampoco dejan indiferente.

Es momento de la esperada subida al Mirador de los Buitres. Espectacular.
Recorreremos de vuelta todo lo que hemos subido para tomar un desvío a la izquierda para emprender la vuelta a Riglos por el camino del Solano.
Ahora puede que llegue la parte más complicada técnicamente hablando de la ruta. Puesto que las sendas son estrechas y compartidas con peatones, es necesario ir con precaución y ser respetuoso.
Dividiremos este trayecto en tres. El tramo inicial de este descenso es bastante asequible: sendero rápido y pedregoso, pero apto para todos los niveles.
En la parte media, hay tramos complicados donde si no eres un habitual del enduro, igual te toca bajar de la bicicleta e ir con cuidado.
Y el último trozo del camino, el que nos llevará hasta el punto de partida (el parking), es para gozarlo, ya que sin ninguna dificultad ofrece unas espectaculares vistas de los Mallos desde otra perspectiva.

















